sábado, 3 de diciembre de 2011

94. ¿Qué es estar enamorado?

Akira metió los dedos entre su pelo y le resultó gracioso lo pronto que se le acababa este. Estaba acostumbrado a su pelo largo y ahora le producía una extraña sensación; que él recordase nunca lo había tenido corto, incluso cuando veía sus fotos de pequeño ya lo tenía más largo que los demás, alguna vez lo tendría corto pero evidentemente no lo recordaba. Cogió todo el pelo que se había cortado con mucho cuidado y lo metió en una caja; lo miró, desde luego que era más abundante de lo que se imaginaba y le daba un poco de pena pero bueno, al fin y al cabo solo era pelo.
Después de barrer y limpiar los restos de cabellos que aún quedaban por el servicio se dispuso a ir a su habitación para reorganizar su estrategia. El lo tenía todo planeado, Akane, Ayesa, Kamui... sabía lo que pretendía y esperaba conseguirlo pero la mala suerte tuvo que jugar en su contra y ponerle una gran traba: el maldito trabajo de la profesora Shinobu. Eso estropeaba todos sus planes, el azar había emparejado a Akane y Kamui y eso le fastidiaba bastante, sin contar con la inesperada proposición de Akane... pero que complicado que era todo. Pues nada, tocaba pensar en otra estrategia, se había pasado el día lamentándose y eso no era de mucha utilidad, por suerte había conseguido librarse de ese dolor que le atenazaba y ahora podía pensar con más claridad.
Sonó el teléfono de la casa. Era su tío para que le dijese a su padre que el próximo fin de semana, cuando fuese al pueblo, no se olvidase de llevar unas cuantas cosas que necesitaban. Claro, comenzaba la época de celo de los ciervos y eran días muy importantes y trabajosos; los Shikamoto no solo se ocupaban de vigilar los enfrentamientos entre los machos si no que además comenzaba "la berrea" ese espectáculo a base de berridos que daban los ciervos y que atraía a muchos turistas. También su tío le recordó que él era un Shikamoto y debería ayudar en esos días y que aprovechara para llevar a su novia y que la chica disfrutara de ese fenómeno tan grandioso.
"No sería mala idea" pensó "Volvería a llevar a Akane a mi territorio y la alejaría de Kamui. Pero su madre no va a querer, con eso de que ahora duerme lejos de su casa aprovecha los fines de semana para que la ayude con sus hermanos" Sin embargo esa idea se empeñó en permanecer en la mente de Akira dando vueltas, la berrea era sin duda un gran espectáculo en el que los ciervos bramaban para atraer a las hembras... vamos que hacían mucho ruido...
Cogió su teléfono móvil y mandó un mensaje. Si había que hacer ruido para que las hembras se fijasen en los machos pues habría que hacer ruido.
Después de mandar el mensaje sonrió con maldad.
Akane y Kamui repasaban una especie de "plan de vida" que estaban organizándose. Akane de vez en cuando pillaba a Kamui mirándola fijamente y eso la hacía sentirse un poco incómoda ¿por qué la miraría tanto y encima sonreía? Mientras decidían cual era el trabajo que iba a tener Kamui en su vida virtual y como se habían conocido, hacían un resumen de los problemas que se les planteaban y como enfrentarse a ellos cuando el móvil de Akane indicó que tenía un mensaje. La chica miró y después de leer el mensaje volvió a guardar el móvil en su mochila con evidente desconcierto.
- ¿Tus padres?
- No, que va, un toca-pelotas que no tiene otra cosa que hacer que molestarme.
- ¿Algún admirador?
- ¿Tengo yo pinta de tener admiradores? Venga, vamos a seguir con lo nuestro.
Akane se preguntaba que demonios le pasaba a Akira y que le había llevado a escribir ese absurdo mensaje. Lo que ignoraba es que el mensaje había obrado en ella exactamente la reacción que el chico esperaba.
"Será tonto" se repetía mentalmente "¿A que está jugando? Se va a enterar cuando le vea"
Con el mismo mal humor volvió a coger el móvil.
- ¿Eran malas noticias?
- Si, malas para quien yo me se.
- Parece que te ha afectado.
- Voy a borrarlo y punto - Akane volvió a mirarlo, iba a darle a la techa de borrar sin embargo esas palabras parecían tener algo que se lo impedía"Recuerda que te quiero y estoy pensando en ti"
- Maldito hijo de su madre - gruñó y volvió a guardar el móvil.
¿Por qué la perturbaba tanto esa frase si solo era una broma del Bambi? ¡Será tonto, idiota y estúpido!
La exclamación de la madre de Akira al ver lo que su hijo se había hecho en el pelo seguramente fue escuchada varios kilómetros a la redonda. Akira, por el contrario, con toda la naturalidad del mundo le contestó sin inmutarse.
- Me lo he cortado.
- ¿Has hecho alguna apuesta con alguien? - preguntó alarmada.
- No, no me he apostado nada con nadie.
- Entonces es que "alguien" te ha obligado a hacerlo ¿es eso? - insistió haciendo hincapié en el "alguien".
- No. Simplemente se me ocurrió cortármelo.
- ¿Es que es la moda? ¿Lo haces para ser popular entre las chicas?
- Deja al chico - intervino Akito ante la actitud de Yoshiko que empezaba a dar miedo - Es bastante mayor como para saber como quiere tener su pelo.
- Pero es que... tenía un pelo tan bonito - se acercó y acarició suavemente los cabellos de su hijo - ¿Es tu forma de rebelarte ante algo?
- No mamá, no quiero rebelarme, solo quiero cambiar.
- ¿Cambiar?
- Si. De pronto he sentido la necesidad de cambiar.
- ¿Te lo volverás a dejar crecer?
- Ah pues no lo he pensado, ya veré.
- Aún no te has dado cuenta de la tontería que has hecho, antes eras original ahora eres como todos. Anda, ven aquí que te lo arregle, te has dejado unos trasquilones horribles, al menos que lo lleves decente ¿Por qué te lo has cortado tu solo?
- Porque es sábado y las peluquerías de la zona están cerradas.
- Podías haber ido al centro comercial.
- Ah, no me apetecía ir tan lejos.
- Pues haber esperado al lunes.
- Si espero al lunes lo mismo cambio de idea.
Al final habían ido al cine Sumire, Misaki, Jisei, Kimisuke, Suo, Genki, Ryuko y Kyojin y salían de allí bastante divertidos.
- Al menos nos hemos reído un rato - decía Genki.
- Se ha reído hasta Kimisuke, que no suele reír nunca - añadía Karasu.
- Tampoco soy tan antipático - contestaba el chico - Solo que es difícil que algo me haga gracia.
- ¿Y eso por que? - se interesaba Sumire.
- Por nada en particular, simplemente es difícil que algo me haga reír, no veo la gracia tan fácilmente.
- Akira no ha querido venir con nosotros, que tonto - se quejaba Sumire ahora.
- Estaba preocupado porque Akane había quedado con Kamui - explicó Kyojin.
- Lógico que estuviese preocupado - afirmaba Karasu - Del Kamui tampoco me fío yo ni un pelo.
- Bueno chicos - dijo Kyojin - Nosotros nos vamos por aquí.
- ¿Os vais ya? - pareció apenarse Sumire.
- Mi mis padres no me dejan estar hasta muy tarde - contestó Ryuko.
- Uy que mal - se quejó de nuevo Sumire.
- Tu quédate si quieres - se dirigió Ryuko a Kyojin.
- De eso nada, yo te acompaño.
- Eso es Kyo, tu se un caballero y acompaña a la dama - habló Karasu.
- Yo os acompaño también, si no os importa, es que me voy también a casa - dijo Jisei.
- ¿Te vas? - volvió a quejarse Sumire - Jo, os vais todos.
- Es que voy a dormir en casa de Akane, como sus padres no están me ha invitado y tengo que recoger mi pijama y mis cosas.
- ¡Una fiesta de pijamas! ¡Que bien os lo vais a pasar!
- Pues yo también me voy entonces - habló Kimisuke.
Después de las despedidas, Sumire se colocó entre Misaki y Suo y los cogió a ambos de los brazos.
- ¿Y nosotros que hacemos?
- ¿Que os parece si vamos a echar unos bolos? - propuso Genki.
- ¡Estupendo! - exclamó la chica - Ala, vamos, veréis que bien lo vamos a pasar.
- ¿Pero no es muy tarde? - interrogó Suo.
- Tu a callar, no es muy tarde. Venga, vamos, aunque sea a echar una partidita.
Sumire estaba decidida, pero muy decidida a ayudar a su hermano. Suo era una gran persona, un chico bien listo, limpio, olía bien, era educado y sensible... era el chico perfecto para su hermano. Misaki la miraba de reojo, esa sonrisa que mostraba su hermana no le gustaba ni un pelo, algo se traía entre manos, seguro.
En la bolera, mientras Karasu, Sumire y Genki disfrutaban jugando a los bolos, Suo y Misaki se sentaron en unos cómodos asientos. Estaban en silencio, Misaki se encontraba muy incómodo porque aunque Suo era un buen amigo, tenía confianza con él y se estaba muy bien a su lado, el miedo a hacer algo, un gesto, una mirada, cualquier cosa, que delatase que se sentía atraído por él y provocase que el chico se asustase o se sintiese de alguna forma amenazado, le aterraba.
- Estás muy callado, Misaki.
- Bueno, no quiero molestarte.
- Tu conversación no me molesta ¿Puedo preguntarte algo?
- Si, claro.
- Sumire dijo que tu habías estado enamorado ¿es cierto? ¿Has estado enamorado?
- Eso es al menos lo que he creído.
- Entonces se supone que eres experto en amor.
- Hombre tanto como experto no diría, más bien soy experto en hacer el ridículo.
- ¿Que es el amor?
- ¿Cómo?
- He intentado buscar lo que es el amor pero no encuentro una definición que me aclare mis dudas ¿Cómo es estar enamorado?
- ¿Estás enamorado?
- No, estoy seguro de no estar enamorado pero me gustaría saber que se siente al estarlo.
- Algunas cosas no se pueden explicar, hay que vivirlas para conocerlas.
- Conozco a una persona con la que me gusta estar, si puedo busco su compañía, a su lado me siento lleno de un extraño sentimiento cálido en mi interior. Me gusta ver su sonrisa y cuando creo que algo malo le puede pasar siento como... no se explicarlo.
- ¿Dolor dentro de ti?
- No se, algo así como pena.
- Pues no se si estás enamorado pero parece que importarte te importa mucho.
- Me paso el día pensando en esa persona, si estará bien, que estará haciendo. Me siento muy confuso Misaki.
- Entiendo. Me alegra mucho que hayas acudido a mí, eso es que me consideras tu amigo - dijo con un poco de amargura.
- ¿Es malo sentir lo que siento?
- No, para nada, es maravilloso, te hace sentir vivo.
- Pero yo no estoy enamorado, estoy seguro de que no estoy enamorado.
- Pero tu mismo me has dicho que no sabes lo que es estar enamorado.
- Por eso quiero que alguien me lo explique, para reconocer ese sentimiento cuando aparezca.
- Cuando aparezca lo sabrás... no hay más.
- Bueno, tú háblame.
En realidad a Suo lo que le gustaba era oír el sonido de la voz de Misaki, era algo muy extraño y confuso para él, sobretodo era confuso reconocer que la persona en la que siempre pensaba era otro chico, por eso estaba completamente seguro de que amor no era, no podía ser ¿Que sería entonces?
Jisei llegaba al portal de Akane justo en el momento en el que Kamui se marchaba. La sonrisa estúpida que llevaba en los labios y el color del aura le hizo entender a la chica lo que sucedía sin lugar a dudas.
Tocó el timbre de la casa de Akane y esperó a que abrieran. Nada mas ver a su compañera al otro lado de la puerta puso sus manos en jarras sobre la cadera.
- ¿Qué? - dijo - ¿Te lo has pasado bien, Ayesa?
- ¿Cómo sabes que soy yo?
- Por la cara de bobo que llevaba el Kaguya. Anda déjame pasar ¿Y tu hermano?
- Se ha quedado dormido. Ha jugado demasiado, ha sido un día muy emocionante para él. El bombón lo ha traído cogido y todo, ha sido un encanto.
- Claro y tu le has recompensado como se merecía ¿a que si?
- No pongas esa cara de perro, solo le he dado unos besitos de nada.
- Ya. Ya me conozco tus besitos de nada.
- Tampoco es todo mi culpa, el bombón le dio chocolate a Akane, mucho chocolate, además no te me pongas a echarme charlas que sabes que no te voy a hacer ni caso.
- Ya lo se, ya ¿Y Akane?
- Recibió un mensaje del ciervito y... bueno, entendí que quería que fuese yo quien estuviese con Kamui.
- Akane recibió un mensaje y tu entendiste que Akira quería que te morrearas con Kamui.
- Por supuesto. El no quiere que el Kaguya toque a su muñeca, uy, Akane se alteró muchísimo cuando recibió el mensajito.
- Pues a mi me dijo que quería que ella saliese con él.
- Eso era el otro día, ahora te aseguro que no quiere.
- ¿Y tu como lo sabes?
Ayesa buscó en el bolso de Akane hasta sacar el móvil.
- Toma, busca el mensaje que la ha enviado y juzga tu misma.
Le fue un poco difícil a Jisei abrir el mensaje pero al final lo consiguió.
- Ya me dirás si eso no era una advertencia para que se mantuviese alejada del bombón - declaró triunfante Ayesa.
- Pero es extraño. El dijo que quería que Akane dejase a Kamui con el "culo al aire". Voy a llamarle.
- Mientras voy a darme una ducha. Oye, dile que le echo mucho de menos.
Jisei se sentó en el sofá y marcó el número de Akira.
- ¿Akira? Soy Jisei.
- Hola Jisei ¿Sucede algo?
- Estoy en casa de Akane y adivina quien es.
- ¿Ayesa?
- Esto te va a resultar raro pero ¿tú le has enviado un mensaje algo extraño a Akane?
- ¿Es un mensaje que dice que la quiero?
- Si, algo así.
- Si, se lo he enviado yo ¿Lo recibió ella o Ayesa?
- Lo recibió Akane.
- Bien.
- Y Ayesa decidió salir.
- Tal y como imaginaba.
- Pero no lo entiendo ¿No dijiste que querías que saliese con él Akane?
- Si. Pero eso era antes del cambio de planes.
- ¿Que cambio de planes?
- Es que yo quería que él se la jugase por ella pero ahora están juntos en ese condenado trabajo y no le hace falta disimular para estar con ella y eso es malo porque... porque tengo miedo de que le guste demasiado.
- ¿Ella a Kamui o Kamui a ella?
- Según yo lo veo Kamui solo está interesado en Akane porque es distinta, ella no va detrás de él, no hace tonterías para llamar su atención, al contrario, es él el que tiene que ir detrás de ella y es un caprichoso que no parará hasta conseguirla, ahora van a pasar muchas horas juntos y seguro que las aprovecha para sacar sus malas artes e intentar seducirla y cuanto más se oponga Akane más se obsesionará él y a mi no me da la gana de que la consiga, sobretodo porque Akane me ha pedido una cita ¿lo entiendes? Ella tiene que sentir algo por mi, además pensé que no se metería mas en mi cama después de mi advertencia pero lo sigue haciendo cada noche, eso es porque busca mi protección, me busca a mi, su barrera se está rompiendo poco a poco, tengo la oportunidad de acercarme un poco mas a ella y no la voy a desaprovechar dejando que ese tipo... ¡que no me da la gana, hombre!
- Y prefieres que consiga a Ayesa.
- Estuve pensándolo mucho, pensando en como es Ayesa y en lo que hace. Ella es parte de Akane y tengo que aceptarla como es e impedirla que se acerque a Kamui no va a conseguir que Akane me quiera. Si Kamui va a jugar a intentar seducir a Akane prefiero que lo haga con Ayesa porque se que Ayesa siempre ha cuidado de Akane.
- ¿Por fin te has dado cuenta?
- Si. Shibi tuvo que decirme unas cuantas cosas que me molestaron bastante pero sirvieron para darme cuenta de que en realidad Ayesa no es enemiga de Akane porque en ella es una parte de Akane dispuesta a vivir sin preocupaciones y sin responsabilidades y por lo tanto no es mi enemiga.
- Pero si en el instituto es Akane y fuera Ayesa, Kamui terminará por sospechar que algo le pasa a esa chica.
- Ya lo sospecha pero creo que precisamente si actúa de forma distinta en distintos lugares pensará que lo hace para disimular.
- Si tú lo dices, chico, tú eres el genio.
- Además que pienso hacer trampas.
- ¿Trampas?
- Por supuesto.
Estuvieron hasta altas horas de la madrugada hablando de Inari, de Akira y de Kamui, Ayesa tenía sus propias teorías de lo que Jisei debía hacer acerca de su querido profesor, teorías muy distintas a las que tenía Akane, por supuesto y Jisei la escuchaba porque de todas formas nunca viene mal conocer otros puntos de vista.
Al despertar al día siguiente Akane volvía a ser Akane y después de desayunar Jisei regresó a su casa. Mientras el niño parecía entretenido viendo la televisión, Akane abrió su armario a sabiendas del desastre que encontraría. Claro, ella no solo compartía hasta hace bien poco la habitación con sus hermanos, también los armarios y aún quedaba ropa suya en esa casa. Los armarios eran un verdadero caos, demasiadas personas con demasiada ropa y poco espacio para guardarlos, además que ninguno de sus hermanos era especialmente ordenado, tenían la costumbre de meter la ropa a empujones, así que Akane sabía de sobra lo arrugado que encontraría el vestido.
Le costó un poco encontrarlo entre tanta ropa pero al final lo consiguió, allí estaba, el vestido celeste y blanco que se había puesto el día del Tanabata ¿que hacía? ¿Se lo ponía o no? Quería que aquella cita fuese especial, de echo es que era especial, porque en el fondo era como si fuese su primera cita y ella quería que fuese especial y... ¿no sería un detalle demasiado obvio? seguro que Akira recordaba ese vestido, o quizás no, era un chico y los chicos no suelen fijarse en esos detalles... ¿que hacía? ¿Lo planchaba o buscaba otra cosa?
Le parecía algo tonto ponerse ese vestido, seguro que Akira y su cerebro analítico iban a darse cuenta y se burlaría de ella... o no, Akira no era así y quería que la cita fuese especial, además según Jisei tenía que hablar con él y decirle... ¿qué? Ahora se arrepentía de haber seguido ese impulso y haberle pedido una cita, con lo orgullosa que ella era aquello le resultaba de lo más incómodo.
Sacó la tabla de planchar y la llevó al comedor. Enchufó la plancha, justo en ese momento sonó el teléfono. Mientras se acercaba a descolgar cogió el mando de la televisión y empezó a bajar el volumen lo que ocasionó que Kenta protestara a voz en grito.
- Calla un poco, seguro que es mamá y con la tele no la oigo bien - habló Akane con tono cansado - ¿Hola?
- ¡Mamá, mamá! - gritó Kenta corriendo a coger el teléfono.
- Estate quieto, ahora te lo paso.
- ¡Quiero ahora, quiero ahora! - exigió el niño.
- Toma y calla - Akane le pasó el auricular, de sobra sabía que no se callaría hasta que tuviese lo que quería, era así de caprichoso el niñito.
- ¡Mamá, mamá! Ayer vi todos los juguetes del mundo... si... me lo pase muy bien... si... que si... y comí tarta y chuches... ¿me has comprado algo?... ¡Bien!... si... si... si... toma para ti - dijo pesándole el teléfono a su hermana que esperaba paciente.
- ¿Mamá?
- ¿Has preparado la comida?
- No, aún no pero ya iba a hacerla.
- Pues no la hagas que no vamos a comer.
- ¿Cómo?
- Que hemos decidido salir esta tarde.
- ¿Esta tarde? Pero entonces no llegareis hasta la noche.
- Si, pero no te preocupes que ya hemos avisado a tu padre y pasaremos nosotros a recoger a tus hermanos.
- ¿Y Kenta?
- Kenta está contigo, por supuesto.
- Pero...
- Hija, compréndelo, salimos muy poco y tenemos que aprovechar y total ya que más daba unas horas mas.
- Claro, como estoy yo aquí para ocuparme de tu hijo no hay problema.
- ¿Vas a volver a decirme que tu hermano te molesta?
- No es eso pero podías haberme avisado antes, había quedado con Akira.
- Es que lo hemos pensado ahora, además ¿que más te da? Quedas con Akira todos los días.
Akane iba a protestar pero teniendo en cuenta que su madre daba por hecho que Akira y ella salían y encima vivía en su casa pues no parecía que su propuesta fuera a ser muy tomada en serio.
- Además hija - continuaba la madre - Así Akira se acostumbra, tiene que aceptarte como eres, con tus responsabilidades. No te enfades hija, sabes que si yo pudiera no te haría trabajar tanto.
Akane prefirió no contestar a aquello.
- Akane ¿estás enfadada?
- No mamá, no estoy enfadada, no me sirve de nada enfadarme, harás de todas formas lo que te de la gana.
Pero Akane si estaba enfadada, que rabia le daba que como siempre nunca se contase con ella para nada. Colgó y con los ojos llenos de lágrimas por la rabia que sentía tiró del cable de la plancha para desenchufarla, en ese momento recordó que su madre siempre la regañaba cuando hacía eso "No tires así de los cables, vas a destrozar los enchufes" le decía "Claro" murmuró con rabia "preocúpate de tus enchufes pero no de destrozarle la vida a tu hija". Cogió el vestido y la plancha, mas valía que lo volviese a guardar.
Lo mejor sería llamar a Akira y anular la cita ¡Menuda tarde le esperaba! Si, muy divertida. Si al menos pudiese llamar a Ryuko como hacía antes, pero no, claro, ahora Ryuko salía con Kyojin aunque si ella la llamase seguro... no, no, no debía hacer eso... y tampoco podía llamar a Jisei, no estaba bien acudir a las amigas cuando no tienes otro plan... tampoco a Shibi y mira que lo necesitaba, necesitaba hablar con él y desahogar toda esa frustración pero no, ya estaba bien de acudir siempre a él, no podía ser tan egoísta y caprichosa, sentía que tenía a Shibi encadenado a ella y que no le daba libertad ninguna, claro, para ella era muy cómodo saber que siempre podía contar con Shibi... pues no, esta vez no... tenía que conseguir dejar de ser tan dependiente de todo el mundo, estaba sola y siempre lo iba a estar, más valía ir acostumbrándose.
- ¡Akira! - gritaba su madre - ¡Al teléfono!
- Voy, voy, tampoco hace falta gritar tanto.
La madre de Akira le pasó el teléfono mirándole el pelo y suspirando, no se acostumbraba aún a verle así, él lo cogió con bastante desgana y contestó.
- ¿Si?
- Akira, soy Karura.
- Hola Karura ¿como estás?
- Bien ¿tú que tal?
- Bien, bien - contestó mientras se tocaba el pelo, seguía notándose muy raro.
- Oye Aki ¿tienes algo que hacer esta tarde?
- Pues la verdad es que si.
- Que pena, quería invitarte a merendar.
Akira miró el auricular del teléfono como si este objeto fuera el que había hablado y después al techo de su casa, eso sin duda era un "deja vu" ¿cómo podía ser que volviese a pasar? le pide una cita Akane y ese mismo día Karura de nuevo le invita ¿es que ha viajado en el tiempo o que? Sería que el universo le ponía a prueba para comprobar que ahora era capaz de hacerlo bien.
- Lo... lo siento Karura pero créeme que no puedo cambiar mis planes ¿Es que te pasa algo?
- No... me apetecía hablar contigo.
- No sabes cuanto lo siento.
- ¿Y tú donde vas?
- Es que... Akane me ha pedido una cita.
- ¿Akane te pidió una cita? ¿Es que está enferma o que?
- Yo creo que si, que algo le pasa. Lo siento Karura pero compréndeme, no puedo...
- ¡Por supuesto de no! Vamos te mato si lo haces.
- Ya, pero ahora me quedo preocupado por ti.
- Pues por mi no tienes que preocuparte, a mi no me pasa nada, solo quería charlar un poco.
- Karura...
- Que si, que es cierto. Quejica, cada día eres un poco más tonto ¿Y dónde vais a ir?
- Ah pues no lo se, de eso se encarga ella.
- Que extraño que digas eso con lo machista que tú eres.
- Pero tampoco me gusta complicarme mucho la vida.
- Bueno que me tengo que ir, un día de estos te llamo ¿vale? Adiós, un beso, hasta luego.
Y antes de que Akira pudiese decir nada Karura ya había colgado.
Akira se apoyó en la pared y cruzó los brazos por delante de su pecho, aquello no le gustaba nada, a Karura le pasaba algo
El timbre del teléfono volviendo a sonar de forma impertinente le hizo sobresaltarse.
- Ya lo cojo yo - dijo en voz alta - Menuda lata... ¿Dígame?
- ¿Akira?
- Si... soy yo.
- Que soy yo, Akane.
- ¿Akane? - Akira volvió a mirar el techo, esto sin duda era "algo" que se entretenía jugando con él y le ponía a prueba, seguro que era una confabulación del universo - ¿Llamas para decirme dónde vamos a ir?
- No, mas bien no.
- Entonces llamas por si he quedado con otra ¿a que si?
- No te burles. Akira es que... no podemos quedar esta tarde.
Y de nuevo Akira miró al techo... estupendo.
- ¿Cómo que no podemos quedar? ¿Ya te has arrepentido?
- No es eso es que... me ha surgido un problema.
- Ya ¿y no será que te lo has pensado mejor?
- Que no, que no es eso es que...
- ¿Akane estás llorando?
- ¿Tu eres tonto? ¿Voy a llorar por no quedar contigo?
- ¿Que te ha pasado?
- Nada es que mi madre me ha llamado que van a llegar por la noche, o sea que tengo que ocuparme de mi hermano otra vez.
- ¿No será una excusa para librarte de mi?
- Que no, te lo juro, que es verdad, lo siento mucho.
- Vale, vale, te creo pero no llores más.
- ¡Que no estoy llorando, ciervo del demonio!
A ver, eso tenía que ser otra broma, seguro que "algún bromista celestial" se estaba partiendo de risa a su costa, quizás el destino pensase, si es que el destino pudiera pensar, que él aprovecharía para quedar ahora con Karura, pero no, él no iba a fallar a Akane, por supuesto que esta vez no fallaría.
- Vale Akane pues te acompañaré igualmente.
- ¿Qué?
- Ah... tu hermano es bastante problemático y todo eso y bueno no es exactamente la cita que pensaba pero... estaré contigo.
- Eso no puede ser, va a ser muy aburrido y pesado para ti.
- Bueno, en general yo soy bastante aburrido. Akane todo eso forma parte de ti, ya te conozco, no es la primera vez que tienes que ocuparte de alguno de tus hermanos ¡que le vamos a hacer! Dejaremos la cita romántica para otro momento y haremos de niñeros, de todas formas no tengo otra cosa que hacer pero no creas que se me va a olvidar que me debes una cita.
Apoyado en el quicio de la puerta, Karasu observaba a su hermana que había colgado y se había quedado con la mano en el auricular, quieta, durante unos minutos.
- ¿Akira te ha dado calabazas? - comentó al fin el chico.
- No seas ridículo, yo no estoy saliendo con Akira - respondió Karura algo sobresaltada.
- Ya lo se, por ese me ha extrañado que le pidieses ir a merendar.
- ¿Me has estado espiando?
- No. Pero si hablas en voz alta es fácil que los demás te escuchemos. Es lo malo de tener siempre las orejas puestas, a veces oyes lo que no te interesa.
- Tú lo has dicho, no te interesan.
Karura dio unos pasos para marcharse del comedor, sin embargo se detuvo frente al piano y con gesto ensimismado se sentó. Era un piano de pared, de color caoba, lo habían traído desde su ciudad porque para ellos significaba mucho, era uno de los pocos recuerdos que parecían "atados" a su madre.
Karasu sonrió. Parecía que Karura solo sabía tocar los primeros acordes de una canción y tampoco demasiado bien, se equivocaba siempre en la misma nota y entonces volvía a empezar. Se acercó a ella y cogió una silla, tan concentrada estaba en aquellos acordes y tocarlos una y otra vez que no se dio cuenta de que su hermano ponía la silla a su lado hasta que este puso también sus manos en las teclas.
- Esta canción puede tocarse a cuatro manos ¿lo intentamos?
- ¡Ah! ¡Que susto me has dado!
- ¿Se te han olvidado tus clases de piano?
- ¿Esas que me obligaban a dar? Creo que si ¿Y tú desde cuando sabes tocar?
- Papá estaba muy empeñado en que aprendieses y te obligaba a practicar horas y horas y yo siempre te acompañaba y me fijaba mucho en lo que hacías. Me daba mucha envidia, a ti papá te quería mucho.
- Eso era porque dicen que me parezco a mamá... Karasu ¿A veces no te gustaría que ella estuviese con nosotros?
- A veces lo pienso, intento imaginar como es vivir con una madre, si nos mimaría o nos consentiría.
- ¿La echas de menos?
- Pues no puedo echar de menos lo que no he conocido.
Karura miró a su hermano y puso su mano en la mejilla acariciándole.
- Siempre quisiste ser un héroe.
- Quería protegeros de todo. Estábamos muy solos pero nunca os pude proteger de nada.
- Querías ser como papá.
- No. Papá estaba enfermo y a veces daba miedo, yo quería ser mejor que él.
- Te cargaste con una carga muy grande para tus pequeños hombros.
- Y no sirvió de nada. Ni siquiera para que ahora tengas confianza conmigo.
- Si tengo confianza contigo.
- ¿Y por qué no me quieres contar lo que te pasa?
- No es que no tenga confianza contigo, solo no quiero preocuparos.
- Eres mi hermana, aunque no quieras me preocupas. Dime quien ese tío y que es lo que pasa con él.
- Lo que pasa es que... no se que me pasa. No se si estoy enamorada de él o de Hizashi.
- ¿Tan fuerte te ha dado?
- No lo puedo evitar, cada vez que le veo, que le tengo cerca siento algo dentro de mi, algo que me atrae a él - Karasu torció la boca - ¿Por qué pones esa cara?
- Saber que mi hermana cada vez que ve a un tío se tira a aparearse en plan loco con él no me agrada mucho.
- ¿Quien ha dicho que me apareo como una loca?
- Me ha dado esa impresión.
- Tiene razón Jisei, tu mente es muy sucia.
- Seguramente. ¿Desde cuando tu y ese tipo...?
- Desde Nochebuena ¿Te acuerdas que fuimos a la fiesta del club?
- Si, si me acuerdo, bueno, me acuerdo de bastante ¿Allí le conociste?
- Ya le conocía de antes pero nunca habíamos hablado. Sin embargo ese día yo presentía que iba a pasar algo, lo presentía y cuando de pronto se acercó a mí y me saludó yo... supe que era él, tenía que ser él.
- No es por quitarte romanticismo pero suenas a anuncio de colonia.
- ¡No te rías! Fue tan amable, tan simpático y era tan guapo...
- Bueno, no hace falta que me des mas detalles.
- Es mejor persona de lo que supone todo el mundo. Es paciente, amable y dulce y me hace sentir... protegida.
- ¿Y quien es esa joya?
Karura desvió la mirada.
- Pues vale, no me lo digas pero algún día me enteraré. Oye ¿es que es un viejo?
- No, no es un viejo, tiene 22 años y está buenísimo.
- Pues menos mal - y Karasu pareció concentrarse en el piano y el hacer sonar sus teclas.
- Karasu.
- ¿Humh?
- ¿Puedo preguntarte algo?
- Lo harás de todas formas.
- ¿Soy mala persona?
Karasu alzó la vista y la miró.
- No me lo parece.
- No te lo parece pero lo soy, lo se.
- Entonces no me preguntes.
- Karasu... ¿estás enamorado?
- ¿A que viene eso?
- Me gustaría saber que es estar enamorado.
- ¿Tú no estás enamorada?
- No lo se. Se que me gusta estar con Hizashi, me hace sentir bien, es serio pero se que puedo confiar en él pero también me gusta estar con... ya sabes, cuando estoy con él me siento... viva.
Karasu dejó caer uno de sus dedos sobre una tecla de forma sonora.
- Te voy a decir una cosa, no se puede estar enamorado de la misma forma de dos personas, no puedes sentir lo mismo por dos personas.
- Pero yo quiero estar con los dos.
- A lo mejor eso significa que no quieres a ninguno.
- ¿De veras crees que no se puede amar a dos personas a la vez?
- No si poder si se puede pero de forma distinta, tienen que ser sentimientos distintos.
- Tengo miedo... no quiero perder a ninguno de los dos ¿soy una egoísta?
- Hombre supongo que desde su punto de vista si, un poco.
- Pero yo no quiero renunciar a ninguno.
- Pues proponles formar una sociedad - dijo en tono sarcástico.
- ¡No te burles!
- No me burlo, es que dices cosas muy absurdas.
- La vida es bastante complicada.
- La vida no es complicada, nos la complicamos nosotros mismos.

93. Llantos del corazón

- ¡Ahhhhhhhh! - exclamaba el hermano de Akane abriendo increíblemente boca y ojos al ver la habitación de juegos de Kamui - ¡Hay todos los juguetes del mundo!
- Es muy impresionante - añadía Akane, Kamui sonreía satisfecho - ¿Todo esto es tuyo?
- Y de mi hermano.
- Como se nota que sois niños ricos.
Kenta, nervioso, corría de una lado para otro sin saber a que acercarse primero.
- ¿Es una tienda? - preguntó con los ojos brillándole.
- Es una habitación de juegos ¿Tú no tienes una?
- ¿Bromeas? - contestó Akane - El no tiene ni una habitación para dormir solo.
- Es verdad, lo siento.
- Ahora que lo pienso, cuando has visto mi casa has debido pensar que vivo en una chavola o algo así.
- Solo te he mirado a ti.
- Mira, se nos pone galante el chico ¡Kenta! ¡Ten cuidado no rompas nada! Y lo que cojas luego lo guardas en su sito ¿entendido?
- Vale, vale - respondía sin hacer mucho caso enfrascado como estaba en sacar juguetes de un enorme juguetero - ¡Mira! ¡Una espada láser!
- ¡Ten cuidado no rompas nada!
- Tampoco pasa nada si lo rompe, son juguetes viejos.
- ¡Cómo se nota que has sido un niño mimado!
- Además - Kamui cogió un mando a distancia y lo pulsó; una televisión situada en uno de los laterales se encendió - Puedes ver dibujos.
El niño gritó de emoción al ver aparecer unos conocidos dibujos en ella.
- ¡Es "Guini Pu"!
- Esto es la tele, pero también tengo películas.
- ¿Tienes "Bambi"? - el niño le miró expectante.
- ¿Bambi?
- Está un poco obsesionado con Bambi últimamente.
- Pero "Bambi" es triste ¿no? A mí de pequeño me traumatizó con eso de la muerte de su madre.
- En "Bambi" sale Aki - explicó el niño muy dispuesto - Y Akane, que le da con la lengua y se cae al agua y se ríe de él.
E imitando lo que decía, el niño se echó a reír. Kamui miró a Akane intrigado.
- Un día la vio con Jisei y Xu-Xu y le han metido cosas raras en su cerebrin.
- ¿Y yo soy el ciervo que se pelea con él?
- Déjalo Kamui, son cosas de mentes infantiles.
- Pues creo que la película está a punto de cambiar.
- Ya... ¿y nosotros que hacemos?
- Mira, he preparado una mesa, aquí podemos estudiar y planear nuestro "matrimonio".
- Bien. Kenta, pórtate bien que yo tengo que hacer deberes ¿vale?
- Vaaaaale.
- ¿Y Tambor quien era? - habló de pronto Kamui mientras se sentaban.
- ¿Quien?
- Tambor, el conejo de la película.
- ¡Ah! Vaya pregunta ¿Quien va a ser? Kyojin. No, si se rieron bien y con ganas.
Se oyeron golpes en la puerta.
- ¿Se puede? - dijo una voz femenina.
- Si Yuko, pasa.
Akane la reconoció inmediatamente, era la chica de 3-1, esa que no parecía pertenecer a ningún grupo, la que el año anterior dio tanto que hablar por su supuesta relación con un profesor, la misma, con su pelo moreno, largo y lacio y sus ojos azul oscuros, vestida discretamente con una especie de mitad uniforme, mitad bata entallada rosa la que entró.
- Con permiso.
- ¿Yuko?
- ¿Akane-san? Ah - miró a Kamui y luego, casi con apuro saludó cortésmente - Encantada de verla señorita.
- ¿Que haces aquí?
- Trabajo aquí.
- Sus padres son los capataces de la finca de mi tío, el padre de Taro - detalló Kamui - Vive aquí al lado.
- Que casualidad. Pero eso no explica que hace ella aquí vestida de... sirvienta.
- Es porque nuestra doncella está de vacaciones, Yuko está supliéndola.
Empujaba un carrito de esos donde se lleva la comida a las habitaciones en los hoteles, Akane nunca había visto nada igual y lo miró realmente asombrada y llena de curiosidad. Kamui se levantó y se acercó a coger las bandejas.
- No por favor, no se moleste Kaguya-san.
- No es molestia, además si no lo hago mi invitada me regañará ¿a que si, Cenicienta?
- ¿Eh? ¡Ah! ¡Pues claro!
- Mira Kenta - se dirigió al niño Kamui - Esta es tu merienda.
- ¡La merienda!
- Pero no hacía falta Kamui, yo he traído sándwich y zumo de...
- ¡Ala! ¡Tarta! ¡Akane hay tarta!
- Y un gran vaso de leche con cacao - añadió sonriendo Yuko.
- Pero Kamui esto es excesivo, te estás pasando...
- Chhist, eres mi invitada y se acabó la discusión.
- Pero has hecho trabajar a Yuko y no hacía falta.
- No me ha echo trabajar, señorita, siempre preparo la merienda de Kaguya-san.
- ¡Que morro tienes Kamui! - Akane le miró con resentimiento y esa mirada, por alguna razón, hizo sonreír de nuevo a Kamui.
- Es mi trabajo, para eso me pagan.
- ¡Pues ya pueden hacerlo bien! ¡Dios! Ahora siento mucha vergüenza.
- ¿Por qué, Cenicienta?
- Por todo esto ¡Kenta no te limpies en la ropa! Mira, hay servilletas.
- Y para usted, señorita, esta copa especial.
- Por favor, no me llames señorita, soy Akane, me conoces de sobra.
- No puedo, no me gusta mezclar mi vida personal con mi situación laboral.
- Es una manía que tiene, ya ves que a mi también me trata de usted.
- Con todo el respeto, prefiero mantener las distancias en esta casa.
Akane reflexionó que después de la de cosas que se decían de ella en el instituto era lógico que quisiera "mantener las distancias" como ella decía, lo último que necesitaba era que se rumoreaba que se había liado con Kamui y que por eso trabajaba en su casa o algo así, que la gente es muy mala y con ideas muy retorcidas.
- Entiendo... ¡Dios! ¿Esto es para mí?
La visión de aquella enorme copa repleta de chocolate y coronada con nata hizo que ahora fuese Akane la que abriese la boca y los ojos desmesuradamente.
- Es mouse de chocolate con nata - explicó Yuko - La ha preparado la señora especialmente para usted.
- ¿Para mi? ¿La ha hecho tu madre especialmente para mí?
- Y la tarta también. Por cierto prepara tartas a menudo, le gusta mimarnos a mi padre y a sus hijos a la hora de la merienda así que no le ha dado trabajo extra.
- Pero... esta copa...
- Yo la ayudé. Espero que te guste porque es la primera vez que hago algo en la cocina.
- Es cierto, Kaguya-san se ha esforzado mucho.
- ¿Y tu madre dónde está? Tengo que agradecérselo.
- Mis padres han salido, creo que iban a ver a unos amigos y luego al teatro, regresaran tarde - Akane seguía con la boca abierta y no era capaz de decir nada - ¿Te pasa algo?
- Cuanto glamour, chico.
- Kaguya-san - interrumpió Yuko - Si todo está bien me voy a marchar ya.
- Claro, claro, disfruta de la tarde.
- ¿No necesita nada más?
- No, podremos sobrevivir solos, seguro.
- Hasta mañana entonces. Akane-san - hizo un respetuoso gesto que Akane, aturdida y avergonzada, repitió.
- Gracias.
La chica sonrió y se marchó.
- No hacía falta que se lo agradecieses - aclaró Kamui - Es su trabajo, mis padres le pagan por ello.
- No lo entiendes Kamui, tu no lo entiendes, se que tus padres le pagan y es su trabajo pero los agradecimientos se... agradecen, valga la redundancia. A todos nos gusta que se valore nuestro trabajo y nos lo agradezcan, hay cosas que nos hacen más felices que el dinero, que no es que yo no quiera el dinero, que no es el caso, es...
Se vio sorprendida por un pequeño beso en la comisura de los labios.
- Perdona, no lo he podido evitar. Eres encantadora.
- Umm... Kamui Kaguya tú te estás creciendo demasiado.
- Perdona, ha sido un impulso.
- Creí que tú no tenías de eso, que eras súper duro y frío, impasible ante todo.
- Pues ya ves, contigo los tengo, creo que sacas mi parte humana ¿Me perdonas? Ah, mira, también hay caramelos y cosas así para tu hermano.
- ¿Que pretendes? ¿Comprarle con chuches?
- ¿Se nota mucho?
- Un poco. Pero te advierto que Akira tiene un gato y te lleva ventaja.
- Vaya, Akira me está empezando a caer mal ¿Y que mas tiene Akira que no tengo yo?
- No se, hace conejos con las manos.
- No digo para ganarme a Kenta, si no a su hermana. He oído decir que Akira besa muy bien.
Akane probaba la copa de chocolate y cerraba los ojos demostrando lo que disfrutaba.
- Delicioso... digo el chocolate ¿y dices que lo has hecho tú?
- He ayudado. Creo que a todo se puede aprender, es cuestión de práctica.
- No deberías darme chocolate, si como mucho me descontrolo ¿no te lo he dicho nunca? Luego, si hago una barbaridad, serás tú el responsable.
- Quizás todo esto es parte de un perverso plan para que pierdas el control, Cenicienta.
- Te arrepentirás.
Aquella foto que había encontrado Nowaki no dejaba de traerle recuerdos y sorprenderle cada vez que la miraba.
En la foto también estaba Shibi, como siempre a su bola. Los que no estaban eran ni Hizashi, ni Genki, ni Xu-Xu, ni Sumire, claro, ellos iban a otra escuela ¿por qué no iría Hizashi a la misma escuela que su prima? ¡Ah! Seguramente era anterior al fallecimientos de sus padres... en fin, que mas daba... mira, ahí estaba el niño con el que tenía esa curiosa relación, no es que le cayese mal, es que era su rival porque lanzaba las piedras mas lejos y le ganaba cuando echaban pulsos, no hablaba mucho con él, no iba a su clase pero de vez en cuando jugaban en el recreo y siempre solía llamarle "panoli" ¿que habrá sido de él? Era un niño flacucho, de pelo corto, alborotado y de color naranja, lleno de pecas, con unas gafas siempre rotas y pegadas con celo, ahí estaba al lado de... ¡anda! ¡Si esas son Jisei y Ruyko! Nowaki no las recordaba de pequeñas pero eran ellas, Ryuko con su carita redondita y un par de trenzas, si era Ryuko y Jisei era esa otra niña de pelo negro que parece una muñequita, pues no sabía que era amigo de ellas ¿cómo se llamaba ese niño?
De pronto Nowaki abrió los ojos y acercó la foto a su cara... no podía ser... ¿dónde estaba Akane? Akane sin duda estaría cerca de Ryuko y Jisei... ¡Akane era ese niño! Nowaki se frotó los ojos ¿El niño que tiraba piedras a los charcos era Akane? ¿El que siempre se reía de él porque le ganaba? No... no podía ser.
Como le había resultado muy curioso decidió llevarse la foto con él para enseñársela a sus amigos. Había quedado con Momoka, Yuri, Kenshi, Xu-Xu, Himeko y Kohaku, cuando enseñó la foto esta causó un montón de comentarios divertidos y recuerdos entrañables.
- ¿Y sabéis quien es este? - preguntó señalando el niño pelirrojo.
- Es Akane - contestó rotundamente Xu-Xu.
- ¡Anda ya! - exclamó Kenshi - ¡Que va a ser esa Akane! ¡Si es un niño!
- Es Akane - repitió Yuri - Vosotros no os acordáis porque estaba en otra clase, pero mira está con Ryuko y Jisei... os digo que es Akane.
- ¡Pero si no tiene tetas! - volvió a exclamar Kenshi.
- ¿Crees que a las chicas las tenemos desde pequeñas? - gruñó Momoka.
- Akane si, yo siempre la recuerdo... en fin, ya me entiendes.
- Eso es porque no te acuerdas de ella de pequeña - puntualizó Yuri - Solo te acuerdas de ella cuando le crecieron.
- Debe ser.
- ¡Pero si tu no venías a nuestro colegio! - gritó Nowaki a Xu-Xu - ¿Cómo lo vas a saber?
- Porque reconozco a Ryuko y Jisei, sus caras no han cambiado tanto. Además, aunque no fuera a vuestro colegio nos veíamos en el parque ¿es que no te acuerdas, zopenco?
- Akane siempre ha sido un chicazo - continuaba Yuri - No era para nada femenina.
- Era mas chico que algunos chicos - añadió Momoka.
- Era muy buena - habló con miedo Himeko - A mí siempre me defendía.
- ¡Eh, eh! - intervino gritando Nowaki - Que tu héroe era yo.
- Eso es verdad.
- Lo que le pasaba a Akane - explicó Xu-Xu - Es que odiaba a todo el mundo.
- ¿Cómo que odiaba a todo el mundo? - se interesó Kohaku.
- Si, todo el mundo le caía mal, menos Ryuko y Jisei.
- Yo recuerdo que a mi me daba un poco de miedo acercarme a ella - dijo Momoka.
- Seguro que pensabas que te iba a pegar los piojos o algo así - añadió Yuri - Tú siempre has sido muy remilgada.
- ¡Anda y cierra esa boca de puerca que tienes!
Mientras Yuri y Momoka iniciaban una de esas absurdas discusiones que todos sabían que no llegaría a nada, Kohaku cogió la foto para observarla mejor... así que esa era Akane... pues no parecía una niña feliz, bueno, para empezar no parecía una niña pero es que se la veía bastante triste y como a la defensiva, sentía mucha empatía hacia ella y creía ver en esos ojos la misma frustración que tenía en los suyos, si no fuera porque ella tenía un par de buenas amigas era casi como ver una foto suya en versión femenina.
Nowaki miraba a Yuri ¿Que le habría pasado? ¿Por qué había llegado a esos extremos? Si ella era una niña fantástica, siempre segura de si misma, llena de determinación, si nunca se rendía ante nada ¿Que le había llevado a perder el control de su vida de esa forma? Quizás es que era demasiado para era, que se exigía mucho a si misma, porque es que Yuri era tan guapa, tan lista, tan simpática, hacía las cosas bien, a todo el mundo gustaba... quizás ser perfecta es una carga agobiante, a lo mejor era por eso, por exigirse, quizás todo el mundo esperaba de ella que fuese perfecta y... aquella suposición en Nowaki parecía cada vez más y más clara, si, debía ser eso, pero no lo entendía muy bien porque Yuri seguía siendo guapa, con su pelo siempre brillante y era estupenda, siempre preocupada por sus amigos y cuidando de ellos, ella no era para nada egoísta, puede que pareciera superficial pero solo era en apariencia... tenía que ayudarla, no sabía muy bien como pero tenía que hacer que volviera a ser la Yuri que él recordaba.
Akira no tenía ganas de salir. Le llamaron sus amigos pero declinó la oferta. Estaba claro que ese no era muy buen día, sin duda que sus biorritmos debían estar todos en negativo. No sentía ganas absolutamente de nada, solo de estar en su habitación, con las persianas bajadas, tumbado en la cama y sin hacer nada de nada. Físicamente se sentía agotado, emocionalmente bastante deprimido e intelectualmente tampoco parecía muy activo.
- Mira a ver si puedes hacer algo con tu hijo - decía Yoshiko a Akito - Lleva todo el día así, yo creo que ni se ha duchado.
- ¿No estará enfermo?
- No creo. Su enfermedad es más bien en el corazón. Habla con él, creo que necesita el consejo de un padre.
- Que pesadez ¿Por qué no hablas tu con él?
- Porque no. Lo he intentado pero hay cosas que los hombres habláis mejor entre vosotros.
- A los hombres no nos gusta hablar, no somos como vosotras que os lo contáis todo.
- Pues tu hijo necesita tu consejo de padre - habló enérgica - Así que llámale ahora mismo y habla con él.
- ¿De que voy a hablar con él?
- No se, de las cosas que habléis los hombres.
- Que pesada eres... los hombres no hablamos.
- ¡Pues tu si lo vas a hacer! ¡Venga!
Akira miraba el techo de su habitación fijamente cuando escuchó a su padre llamarle desde la planta de abajo de la casa. Se levantó pesadamente y se dirigió, con bastante desgana al cuarto que su padre solía utilizar para meditar, hacer caligrafía y esas cosas que hacía su padre cuando quería librarse de su madre. Encontró a su padre preparando el tablero de ajedrez.
- ¿Que quieres?
- Ven, vamos a jugar.
Akira suspiró. Eso quería decir que su padre iba a iniciar una charla sobre algo, su padre era demasiado previsible, siempre hacía lo mismo. Se sentó frente a él y abrió la partida.
- ¿Hoy no sales?
- No tengo ganas.
- Tu madre ha dicho que tengo que hablar contigo.
- Típico de ella.
- Dice que hoy estás muy raro.
- Se me pasará.
- ¿Es por Akane, verdad?
- Supongo.
- ¿Es porque no sabes que hacer para ayudarla?
Akira se llevó una de más manos a la frente y parecía dejar caer su peso sobre ella.
- No, no es eso... es una tontería.
- ¿Te ha rechazado?
- No es eso. Es que hoy ha salido con el imbécil del Kaguya, el tipo más engreído del instituto.
- ¿Es su novio?
- No. No lo es, ni siquiera están saliendo... habitualmente.
- Entonces ¿Cual es el problema?
- Que él quiere tirársela.
- ¿Tirársela?
- Si, ya sabes... ¿Me entiendes o no?
- Ah, y eso te pone celoso.
- Me pone rabioso.
- ¿Temes que suceda?
- ¿Con Akane? No, pero me da miedo que ella se deje impresionar por él o que no se llegue a dar cuenta de que... de que...
- De que tú la quieres de verdad. Es eso ¿no? Crees que él no está enamorado de ella - Akira guardó silencio - Ya veo. En realidad tienes miedo de que si esté enamorado de ella, que sus intenciones no sean las que tu pienses.
Akira siguió sin contestar.
- Estás asustado, celoso y rabioso. Tienes miedo a que te quiten lo que crees que debe ser tuyo - Akira hizo un gesto como si estuviese conteniendo sus lágrimas - Puedes llorar si quieres, no vas a ser menos hombre por hacerlo.
- Ya lo se. Ya he llorado bastante por... ella.
- ¿Cuando has llorado?
- Cuando supe lo que le pasaba... cuando siento que no la puedo ayudar, que soy un crío inútil que no se hacer nada, que no se como...
- Eso es llorar de impotencia, has llorado por ella pero ¿Has llorado por amor? ¿Has llorado por ti mismo?
Akira la miró interrogativo. Akito se levantó.
- Ahora voy a salir, cuando lo haga, enciérrate y busca dentro de ti tu propio dolor, el tuyo, no el de ella, no el dolor por sentirte impotente por no poder cambiar el pasado, por querer ayudarla y no poder hacerlo todo lo deprisa que quisieras, no el dolor por querer que confíe en ti o porque sientas que no puedes hacerlo. Busca el tuyo, ese dolor que sientes al pensar que te la pueden quitar, esa rabia que te haga gritar de celos, no los reprimas, siéntelo, siente el miedo, los celos que te torturan y sácalo todo. Llora con todas tus ganas, grita, golpea... haz lo que sea pero no lo mantengas dentro de ti porque te terminará pudriendo. Por una vez piensa en ti mismo.
Akira llevó sus brazos cruzándolos delante de su estómago y se inclinó hacia delante mientras comenzaba a sentir como no podía contener sus lágrimas. Había llorado mucho, cierto, pero su padre tenía razón, había llorado por Akane, por lo que había pasado, por no saber ayudarla, nunca había llorado por lo que él sentía y lo que sentía era una debilidad y una vulnerabilidad tremendas y unos celos y un temor a que Akane pudiese enamorarse de Kamui que por mas que quisiese negarlo estaba agazapado dentro de él.
Akito escuchó los ahogados sollozos de su hijo mientras salía de la habitación. Al cerrar la puerta pudo oír como aumentaban de intensidad.
- Eso es, Akira - susurró - Desahógate. Solo así podrás pensar con claridad.
- Perdona Nowaki - hablaba Xu-Xu con evidente desconcierto y a punto de echarse a reír - ¿Qué quieres qué?
Se habían separado de sus amigos con la excusa de siempre: ir a comprar algunos refrescos y, en aquel apartado lugar, Nowaki se había detenido para soltarle aquello a su compañera.
- Que salgamos juntos.
Ahora si, Xu-Xu rompió a reír.
- Una broma muy buena, ala, ya puedes decir que me lo has dicho.
- ¿A quien?
- A quien sea con quien te lo hayas apostado.
- No es una broma, que te lo estoy diciendo en serio.
- Si, si, claro, claro. Anda volvamos con los demás o terminarán por mosquearse.
- Bueno es que no se trata de que esté enamorado de ti.
- Eso ya lo se Nowaki, ya lo se, anda y no digas más tonterías.
- Pero si quiero que salgamos. Bueno tú eres mi amiga y me caes bien.
- Te caigo bien... vale ¿Qué te pasa, Nowaki? - habló Xu-Xu algo mosqueada - ¿Que quieres darle celos a Momoka y no hay otra tonta mas a mano?
- No, no, no, no es eso, yo no quiero darle celos a Momoka ¿Por qué piensas eso?
- A no se porqué pienso eso, será porque me estás pidiendo una cita a mi. A ver Nowaki, que soy yo: Xu-Xu, ya sabes la chica castaña, la normal, la que de pequeña llamabas "china", esa que ni sabes como se apellida, la que juega al balón con los chicos, la amiga de Hizashi y Genki.
- También eres amiga de Kenshi.
- Me están entrando ganas de darte una colleja ¡convénceme de que no lo haga!
- Si no te estoy pidiendo una cita, te estoy pidiendo salir.
Xu-Xu resopló cruzándose de brazos.
- A ver, sorpréndeme y cuéntame la diferencia.
- Pues que no te estoy pidiendo que salgamos como novios... ¡Ah, esto es muy complicado!
- Ah claro, entiendo - Xu-Xu respiró aliviada - Quieres que te acompañe a algún sitio, es una cita de amigos ¡uff! menos mal, pensé que te habías vuelto más loco de lo normal.
- Pero quiero que los demás piensen que estamos saliendo como... pareja.
Xu-Xu volvió a resoplar.
- Nowaki me agotas, te juro que me agotas ¿Quieres explicarme de una forma sencilla que es lo que tu cabeza hueca está planeando?
- Es que... quiero salir con Yuri y Kenshi.
Xu-Xu le miró de reojo.
- Tienes un minuto para explicarme porqué no debo pensar que eres un pervertido que quiere hacer un trío con esos dos.
- ¡Xu-Xu! ¡Cómo puedes pensar eso! Lo que pasa es que... es que... ¡Ahhhhhhh!
- ¿Te gusta Yuri? ¿Es eso?
Nowaki la miró confuso.
- ¿Por qué piensas eso?
- Es mejor que pensar que te gusta Kenshi, aunque a mi me encantaría que te gustase Kenshi, personalmente iba a disfrutar muchísimo.
- ¿Te gustaría que me gustase Kenshi?
- Sería muy tierno - Xu-Xu sonrió maliciosa.
- ¡Ahhhhhhh! ¡Estas loca!
- ¿Y que quieres que piense si quieres salir con Kenshi y con Yuri? O que estás enamorado de Yuri o de Kenshi o que eres un morboso mirón que se excita viendo a las parejitas.
Nowaki la miró lleno de terror, desde luego que esa chica era terrorífica y tenía unos pensamientos de lo más retorcidos. Trató de pensar rápidamente en una buena excusa pero nada llegaba a su mente, solo le quedaba una opción y no era la de decirle que estaba enamorado de ella porque eso no colaba y además no quería jugar con sus sentimientos.
- Me gusta Yuri - soltó de una forma atropellada y casi ininteligible.
- ¿Qué?
- ¡Que me gusta Yuri! - gritó de forma escandalosa.
- Chhist, no grites tanto ¿Te gusta Yuri? - Xu-Xu no parecía muy convencida con la explicación.
- ¿Que no me puede gustar?
- No porque estás enamorado de Momoka, eso todos lo sabemos.
- Bueno pero es que Momoka no me hace caso y yo... esto... en fin... que he pensado que tendría que... o sea... ¿Es que a uno no pueden gustarle más chicas o que? - volvió a gritar.
- ¡No me grites! ¡Eso a mi no me lo digas, tu eres el cabezón! - contestó alterada.
- Lo siento.
Nowaki se rascó la cabeza y apurado miró hacia otro lado. Ya estaba dicho, eso ya no tenía remedio, ahora no iba a decirle que era mentira y mira, mentira, mentira del todo no era porque Yuri era una chica muy maja y ahora que se daba cuenta la verdad es que… si, le gustaba, claro que a ver como salía ahora del atolladero donde se había metido.
- ¿De veras te gusta Yuri? - preguntó Xu-Xu bastante más tranquila.
- Yo... es que... quiero estar cerca de ella... - quizás lo que tenía que hacer es decirle la verdad, Xu-Xu era una buena chica y a pesar de lo mosqueada que estuviese en esos momentos con Yuri seguro que le comprendería - Lo que ocurre es que ella...
- Chhist - le calló poniendo la mano en su boca - No hace falta que me des explicaciones, se lo que es sentirte impotente.
- No es eso es que Yuri... - intentó volver a hablar.
- Que calles - y de nuevo Xu-Xu le tapó la boca - Mira, te estás poniendo hasta colorado.
- Pero es que tengo que explicarte...
- No me tienes que explicar nada, Yuri es una chica preciosa y muy sexy.
- No, no es eso es...
- ¿No es eso? ¿Entonces que es?
Nowaki miró los ojos de Xu-Xu llenos de una tristeza que nunca había visto en ellos, en esos momentos comprendió lo que para ella significaba ver a Kenshi e Yuri juntos continuamente.
- Tú eres preciosa Xu-Xu.
- Si... claro - sonrió de forma extraña.
- Claro que lo eres. Mira ven... sube aquí, vamos - la cogió de la mano y tiró de ella mientras subía a un banco cercano y la obligaba a hacer lo mismo…
- ¿Que quieres?
- Quiero que grites con todas tus ganas: "soy Xu-Xu, soy preciosa y cualquier chico que no quiera salir conmigo es un tonto"
- Déjalo Nowaki - intentó bajarse del banco pero Nowaki se la impidió volviendo a tirar de ella.
- Vamos, dilo.
- ¿Estás tonto? No voy a hacer eso.
- ¡Que lo hagas!
- Déjame Nowaki, por favor, déjame.
- Vamos, hazlo... ¿A que tienes miedo?
Xu-Xu miró a Nowaki, por lo que se veía no iba a cejar en su empeño.
- Venga, repite conmigo: "Soy Xu-Xu y soy una chica preciosa"... venga.
- Soy Xu-Xu- comenzó a repetir de forma casi inaudible - y soy una chica preciosa.
- ¿Cómo? Más alto, eso no se ha oído ¿Qué eres?
- Una chica preciosa - volvió a repetir en voz baja.
- No, así no, grítalo, lo tienes dentro, no necesitas que nadie te lo diga, venga, grítaselo al mundo, que sepa que lo sabes.
- Nowaki por favor...
- Venga - Nowaki seguía agarrando a Xu-Xu por la muñeca - No nos iremos hasta que lo hagas.
- Soy Xu-Xu y soy preciosa - dijo en voz un poco más alta.
- ¡Mas fuerte!
- ¡Soy Xu-Xu y soy una chica preciosa! - gritó al fin
- ¡Eso es! ¡Eres una chica preciosa! - gritó también Nowaki.
- ¡Si! - rió Xu-Xu - ¡Soy preciosa!
- ¿Y que más?
- ¡Y cualquier chico que no quiera salir conmigo es un tonto!
- ¡Eso es! ¡Un imbécil de remate!
Xu-Xu reía entre nerviosa y emocionada y se abrazó a Nowaki. Nowaki sonreía satisfecho, de algo servían las cosas que aprendía de ver a su madre.
- Gracias Nowaki, si que lo necesitaba.
- ¿A que te sientes mejor? - bajó de un salto del banco y cogió a Xu-Xu de la cintura, esta casi dio un saltito, Nowaki la sostenía prácticamente en brazos y giró como pudo con ella.
- Estás loco, suéltame que nos caemos.
Nowaki la dejó en el suelo.
- Venga vamos que nos hemos entretenido demasiado.
Y al comenzar a andar los vieron, allí, delante de ellos mirando la escena con la boca abierta: Kenshi, Yuri, Momoka, Kohaku y Himeko.
- Ah - Nowaki se quedó mirándoles tontamente - Esto no es lo que parece.
- ¿Qué hacéis aquí? - disimuló Xu-Xu mientras sentía la mirada de Kenshi taladrándola.
- ¡Pero Nowaki! - gritó Yuri - ¿Cómo no nos lo habíais dicho? ¡Esto es fantástico!
- No, si es que no... - comenzó a decir Xu-Xu.
- ¡Menudas sorpresas nos estamos llevando últimamente! ¿Verdad Kenshi? - continuaba Yuri que se acercó a Nowaki y le abrazaba.
- No Yuri es que... - intentaba decir el chico.
- Que calladito os lo teníais, es que ni se me hubiera ocurrido imaginarlo.
Mientras Yuri seguía y seguía hablando con lo que parecía bastante entusiasmo y no dejaba explicar nada ni a Nowaki ni a Xu-Xu, el chico miró a Momoka que le miraba totalmente perpleja, a Kenshi, que no despegaba sus ojos inquisidores de Xu-Xu, a Kohaku que le observaba con gesto serio y a Himeko que, con las manos en la boca parecía querer impedir que algo saliese de su boca.
- Esto no... - volvía a intentar decir Nowaki.
- Me... me... - comenzó a decir Himeko de forma nerviosa con una forzada sonrisa que intentaba parecer sincera en los labios - Me alegro por ti, Nowaki.
Nowaki se sentía mal, aquello no estaba resultando como él quería y la situación era de lo más incómoda, además se notaba que a Himeko le había dolido aquello y él no quería hacerla daño.
- Yo... - continuaba la chica intentando que las lágrimas que empezaban a llenar sus ojos no saliesen - Me tengo que ir ya. Nos vemos mañana.
- Pero Himeko, si es muy pronto - habló Yuri.
- Es que se me olvidó algo que tengo que hacer... Adiós.
Y prácticamente salió corriendo de allí. Nowaki quería ir detrás de ella e incluso comenzó a andar pero Momoka le sujetó.
- Déjala Nowaki, ahora solo la vas a hacer más daño.
- Pero es que tengo que explicarle que...
- ¡Que lo dejes te digo! - le gritó.
- Kohaku ve con ella - Nowaki le miró suplicante - Por favor, no la dejes sola... te necesita.
Kohaku suspiró, nunca comprendería las teorías de Nowaki pero en fin, tampoco quería dejar sola a Himeko aunque realmente no sabía que podría hacer por ella.
- La acompañaré hasta su casa - dijo escuetamente antes de separarse de sus amigos.
Xu-Xu también se sentía mal e incómoda, ella no quería que Himeko pensase lo que no era, esperaba que al día siguiente los ánimos se calmasen y pudiese hablar con ella y explicarle... no sabía el qué... algo, pero por otro lado, esa mirada de Kenshi, entre enfadado, confuso y mosqueado le encantaba, si, Kenshi parecía no comprender nada pero le molestaba y mucho y ella encontró una gran satisfacción en verle con la misma cara que debía tener ella el día que Yuri decidió "acapararle".
Kohaku caminó tratando de averiguar donde habría ido Himeko, la chica había caminado muy deprisa y él no sabía exactamente por dónde estaría. No creía que hubiese vuelto a su casa, bueno al menos él no lo haría, entonces ¿dónde estaría? Se paró y respiró hondo, cerró los ojos y trató de pensar como se sentiría Himeko en esos momentos... era fácil para él... volvió a respirar hondo y pensó donde iría él si se sintiese frustrado, dolido y con ganas de llorar en soledad.
El conocía un sitio, un sitio perfecto, un rincón apartado al final del parque, cerca de la carretera, allí es donde él acudía cuando quería estar a solas y se lo había enseñado a ella en una ocasión. Guió sus pasos hacia allí.
Y la encontró. Sentada en un solitario banco de piedra, con la cabeza baja, mirando el suelo fijamente. Llegó hasta ella y en silencio se sentó a su lado. Himeko solamente alzó un poco la vista para ver quien era y se secó las lágrimas con la mano.
Ninguno de los dos habló. Kohaku no sabía que decirle, así que optó por guardar silencio al lado de la chica y así pasaron los minutos, de forma lenta, incómodos minutos que empezaban a parecer eternos.
- Creí - habló con voz temblorosa la chica - estar preparada... yo estaba preparada para que me dijera que salía con Momoka pero...
Kohaku no contestó nada, simplemente la miró sintiendo como su corazón se encogía al ver el dolor de aquella persona tan importante para él.
- Yo estaba preparada... - repetía con la voz cada vez mas rota - no me importaba... lo sabía... pero yo esperaba que fuese Momoka... yo...
Llevando sus manos a la cara, Himeko rompió a llorar amargamente.
- No esperaba que le gustase otra chica... yo... soy muy tonta, soy una ilusa... yo... es porque soy muy poca cosa, no tengo valor, no soy fuerte...
Kohaku quería hablar, quería decirle que no tenía que preocuparse, ni lamentarse de nada porque él estaba allí, porque él la amaba porque era una chica maravillosa pero no lo hizo, no le parecía muy apropiado en esos momentos, sería como aprovecharse de su momento de debilidad, lo cual era algo ruin y miserable o también podía ser que solo la confundiese aún mas... no, no era el momento.
Se acercó un poco más a ella. Algo tenía que hacer, de alguna forma tendría que actuar, se suponía que era su amigo y que debía servirle de consuelo pero el problema era que él no sabía como actuar. Recordó cuando le dijo a Akira que abrazase a Akane, el valor que tenía un abrazo... eso era fácil de decir pero difícil de llevar a la práctica cuando nunca has sido demasiado cariñoso.
Con miedo llevó su mano al pelo de Himeko y lo acarició muy levemente. Fue una caricia casi imperceptible pero lo suficiente como para que Himeko se girase y, agarrando con ambas manos la camisa de Kohaku, apoyó la frente en su hombro para seguir llorando.
- Lo siento... lo siento - sollozaba - Se que Xu-Xu es una buena chica, se que se lo merece, pero no puedo evitar sentirme mal, muy mal... no puedo evitar llorar.
- Pues entonces llora - habló finalmente.
- No quiero llorar... me digo que si a Nowaki le gusta no tengo derecho de ponerme celosa porque Nowaki me dijo que... se que no debería llorar, que debería alegrarme por él pero... no puedo evitarlo... no puedo dejar de llorar.
- Pues llora, llora todo lo que quieras... hasta que sientas que no puedes llorar más, solo entonces podrás sonreír.
Akira era el que había llorado hasta no poder más, hasta quedar dormido del agotamiento. Se despertó tumbado en el suelo, no era una posición muy cómoda, estaba de lado, abrió los ojos y miró a su alrededor, desde esa posición la habitación se veía extraña, no parecía la misma, podía ver detalles en los que nunca se había fijado… era curioso como un cambio de perspectiva podía cambiar tanto nuestro punto de vista.
Se levantó con un rápido movimiento. Se acabaron ya las lamentaciones, era hora de ponerse en marcha.
Salió de la habitación, no parecía que hubiera nadie en casa. Seguramente sus padres habrían salido a dar una vuelta. Se dirigió al servicio, se colocó delante del espejo del baño y se quitó la coleta mirándose detenidamente. Tocó su pelo mientras recordaba a su abuela lavándoselo cuando era pequeño y diciéndole lo bonito que lo tenía, todo un pelo "Shikamoto". Abrió un cajón con decisión y sacó unas tijeras y sin dejar de mirarse al espejo cogió entre sus dedos y mechón y cortó sin dudarlo. Miró el mechón que acababa de cortar, era más largo de lo que pensaba. Lo dejó con cuidado encima del lavabo mientras pensaba en lo que iba a decir su madre... y cortó otro mechón.